Misa en la Catedral de La Habana

La peregrinación en La Habana – Misa en la Catedral el 27 de marzo y Misa Papal en la Plaza de la Revolución el 28 de marzo del 2012.

En la tarde del martes 27 de marzo, los 300 peregrinos se reunieron en la Catedral de La Habana para asistir a la Santa Misa celebrada por el Arzobispo Wenski y los obispos y sacerdotes que lo acompañaban de las parroquias de la Arquidiócesis de Miami.

Las siguientes fotos muestran los momentos más significativos de este evento. Se incluye la Homilía celebrada por el Arzobispo Wenski.

Catedral de La Habana – 27 de marzo, 2012

 

Homilía celebrada por el Arzobispo Thomas Wenski en la Catedral de La Habana el 27 de marzo de 2012.

Somos, como el Papa Benedicto XVI también lo es, peregrinos de caridad aquí en Cuba. Venimos de Miami y de los Estados Unidos – en nuestro grupo hay gente nacida aquí, hijos de gente nacida aquí y gente de otras nacionalidades. Estamos unidos en una fe común.

Como tema del jubileo del Cuatricentenario del descubrimiento y presencia de Nuestra Señora de la Caridad lo dice: Un Jesús por María, la caridad nos une. Nuestra presencia hoy aquí en esta catedral histórica también es otro testimonio a esta unidad nuestra en el Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.

De parte de todos nosotros, deseo expresar nuestra gratitud a Su Eminencia, Cardenal Ortega, por hacernos posible celebrar la Misa en esta Madre Iglesia de la Arquidiócesis de La Habana. Los cementos de esta catedral han sido testigos a través de los siglos de mucha de la historia de Cuba – con todas sus luces y sombras. Y estos cementos serán testigos en años venideros al seguir descubriendo la historia de Cuba y su gente.

Hemos venido aquí como peregrinos a rezar – como lo dijo el Papa Juan Pablo II en su visita hace 14 años – para que la gente cubana sea protagonista de esa historia; y que inspirados por la Palabra de Dios y los valores de la herencia Cristiana que ha formado la identidad cubana por más de 400 años, los cubanos puedan construirse para la posteridad hacia la esperanza futura.

En el Salmo de hoy, oramos: O Señor, escucha mi oración y deja que mi lamento llegue a ti. El salmista reza: “Deja que esto quede escrito por generaciones y deja que criaturas futuras ensalcen al señor, “El Señor bajó la vista desde su santa altura; de los cielos observo la tierra. Para escuchar lamentos de prisioneros, para liberar aquellos condenados a morir”.

Los condenados a morir, nos dice Jesús en el Evangelio hoy, son los que mueren en sus pecados porque se han negado a reconocerlo como el “Yo Soy” de la historia humana. En la fiesta de la Anunciación de ayer, cuando la Palabra fue hecha carne, Jesús se reveló tanto como la cara humana de Dios como la cara divina del Hombre. Como el Papa Benedicto dijo ayer en Santiago:

“Dios nos ha creado como el fruto de su infinito amor; por lo tanto, para vivir de acuerdo a su voluntad es el camino a encontrar nuestra autentica identidad, la verdad de nuestro ser, mientras que apartados de Dios nos apartamos de nosotros mismos y caemos en un vacío. La obediencia de la Fe es la verdadera libertad, la redención autentica que nos permite unirnos al Amor de Jesús en su determinación de conformarse a la voluntad del Padre”.

Nuevamente como el Papa dijo ayer “… cuando Dios se pone a un lado, el mundo se vuelve un lugar inhospitalario para el hombre, y frustra la verdadera vocación de la creación a ser un espacio para el convenio, para el “Si’ al amor entre Dios y la humanidad”.

Jesús Cristo llena el deseo del anhelo de nuestros corazones de que el mundo se convierta en un hogar merecedor de humanidad. Para que el mundo se convierta en un hogar merecedor de humanidad no puede cerrarse a la trascendencia, no puede cerrarse a Dios y a nuestra vocación como hombres y mujeres para vivir con Dios, no solo en este actual momento pero para toda la eternidad.

El materialismo ideológico, representado en este país y en los países de lo que era el bloque del Este, negaba la transcendencia del hombre; negaba que esa persona humana fuera creada para más allá de morir algún día. Como el Papa observe en su vuelo a Méjico, el Marxismo es una ideología gastada. Esto causó algo de furor entre los periodistas; sin embargo, como observó el Arzobispo Dionisio García, “los comentarios del Papa sobre el Marxismo no nos dijeron nada que nosotros en Cuba no supiéramos ya.

Sin embargo, a medida que Cuba entra en transición, el Papa y la Iglesia desean una transición digna de las aspiraciones de los cubanos, una transición digna para el hombre. Ir del materialismo ideológico del Marxismo a un materialismo práctico como el de muchas sociedades del mundo occidental no sería digno del hombre. La Iglesia sí desea un “aterrizaje suave” pero un aterrizaje que sea abierto a un futuro de esperanza. Como escribió el Santo Padre en Sp Salvi, un mundo sin Dios es un mundo sin esperanza, un mundo sin futuro. Para la gente intoxicada con el amor por el poder, la Iglesia da pruebas de esperanza compartiendo con el mundo – y con la gente cubana – el poder del amor.