La Iglesia en Cuba

La Iglesia en Cuba:
Estará amaneciendo un Nuevo día?
Por Jack Wintz, O.F.M.

El derribo de dos aviones cerca de Cuba a principios de los años 90, piloteados por refugiados cubanos desde Miami, ha recrudecido las tensiones Cubano-Americanas nuevamente. Los grandes titulares de prensa pueden haber oscurecido los hechos alarmantes sucediendo en la Iglesia Católica de Cuba y los esfuerzos de los Servicios Católicos de Ayuda a llevar ayuda humanitaria.

FOTO (C) 1996 JACK WINTZ, O.F.M

(Arriba) El sol temprano en la mañana brilla frente al malecón majestuoso de La Habana.

Una mañana tranquila de domingo, el 14 de septiembre de 1993, la comunidad católica de Cuba fue tomada por sorpresa. Sin aviso o advertencia previa, los obispos católicos de esta nación caribeña anunciaron que un mensaje pastoral sería leído en todas las iglesias católicas de la isla.

Los Católicos de Cuba no fueron los únicos sorprendidos. El informe de los obispos conmocionó a la isla entera. Además de leerlo desde pulpitos, copias de la carta fueron distribuidas por toda la isla. Rápidamente cayó en manos de la población general, incluyendo los líderes del partido Comunista y la prensa internacional.

Un Rayo de Esperanza

El mensaje de los obispos señalaba el amanecer de un nuevo día en Cuba. El documento titulado “El amor es la Esperanza de Todas las Cosas”, fue escrito cortésmente, pero como un reto claro dirigido a todos los sectores de la sociedad cubana. Era un llamado a la caridad y al dialogo nacional – a un verdadero compartir de poder para todos los ciudadanos. Tal invitación de los líderes de la iglesia puede sonar como rutina o aún más, inofensivo en la mayoría de las sociedades democráticas del mundo.

Pero en un país cuyo gobierno unipartidista comunista ha sido la única voz de la nación y controlador de su destino, un llamado al diálogo abierto cayó como los primeros temblores de un terremoto. De pronto, de una costa a otra, Cuba entró en un furor de discusiones fomentado por las declaraciones francas y liberales de 11 obispos Cubanos – declaraciones como:

“Debemos reconocer que en Cuba existen diferentes puntos de vista sobre la situación del país y sobre posibles soluciones y que el dialogo ya está aquí, en voz baja en la calle, en los lugares de trabajo y en hogares. . . . “Todos nosotros podemos tener fragmentos de la verdad pero nadie puede decir que tiene toda la verdad. . .

“En Cuba existe un solo partido, una sola prensa, una sola radio y una sola televisión. Pero el dialogo de que estamos hablando debe tomar en cuenta la diversidad de significados y de gente. . .” Todos los cubanos, sugirieron los obispos, “deben hacerse preguntas serias” como: “¿Por qué existen tantos cubanos que se quieren ir y en efecto se van del país? . . .¿Por qué los profesionales, trabajadores, artistas sacerdotes, atletas, militares, activistas o simplemente la gente anónima aprovecha cualquier salida temporal del país, ya sea por motivos personales u oficiales, y se queda en el extranjero?

Sin embargo, los obispos indicaban que “ciertas prácticas políticas incomodas debían ser eliminadas”. Entre estas estaba “la calidad cerrada y omnipresente de la ideología oficial”, “la vigilancia excesiva por la seguridad del estado”, “la discriminación basada en ideas políticas o filosóficas o creencias religiosas” y el mantener a ciudadanos en prisión “por razones económicas o políticas”.

¿Cómo cayó la carta de los obispos en Cuba? Le pregunté al Cardenal Jaime Ortega, arzobispo de La Habana durante una entrevista el diciembre pasado en su residencia de la Vieja Habana. “Creo que la carta tuvo muy amplia recepción por la gente aquí en Cuba en general”, respondió “¡pero no tanto por el gobierno cubano!.. Hablamos claramente sobre el papel de la Iglesia Católica en Cuba, pero siempre existe recelo por parte del gobierno sobre la iglesia en este país. Hay veces que este recelo aumenta y esta es una de esas.

¿Qué es lo que el Cardenal Ortega desea para Cuba? “Me gustaría ver el comienzo de un dialogo mediante el cual todos los segmentos del país puedan ayudar al país a encontrar el rumbo hacia el futuro. Mi deseo es por una participación, un dialogo y libertad más amplia aquí en esta sociedad”.

El Cardenal de 59 años le da la impresión a los que lo conocen de estar lleno de entusiasmo juvenil. Sus ojos parecen bailar de alegría, con la seguridad interna de que el espíritu de Dios está con aquellos que luchan por la verdad – y que la historia está a su favor. Conocido como un hombre cuyo amor y espíritu cordial cruza todas las barreras, parece estar claramente en harmonía con las declaraciones de los obispos que se describe como un “llamado al amor” y que le sostiene el ideal de caridad toda la gente cubana –¡incluyendo al gobierno cubano!

Este fue uno de los giros creativos más fascinantes de la pastoral de los obispos. Emitía una llamada suave pero clara al gobierno en sí a ser más cariñoso y generoso: “Cuando los voceros oficiales de nuestra nación han dicho que la revolución es magnánima, nos regocijamos de que esta noción exista en el horizonte de los líderes de nuestro país, porque así es posible fortalecer la esperanza de que el pensamiento y el idioma que guía la vida de nuestra gente se puede volver más acogedora El odio no es una fuerza constructiva. En luchas entre el amor y el odio, el perdedor siempre es el odio.

“Todos desearíamos ver que el amor reine entre todos los hijos de Cuba”, los obispos continúan “un amor que pueda sanar tantas heridas abiertas por el odio, un amor uniendo a todos los cubanos en un solo abrazo familiar, un amor que le ofreciera a todos el momento del perdón, la amnistía y la misericordia…”

En su llamada al amor, los obispos utilizaron varias citas de José Martí (1853-1895), el gran Poeta Cubano y líder de la lucha cubana por la independencia. “La única ley por la autoridad es el amor”, “Triste sería la madre patria que tenía el odio como apoyo” y “el amor es la ley más excelente”.

Observando comentarios tan atrevidos como estos diseminados por toda la isla, los cubanos de pronto se dieron cuenta que un nuevo amanecer de auto-estima y valentía estaba surgiendo en la iglesia cubana.