La Iglesia y Fidel Castro

Oficialmente, Cuba ha sido un estado ateo durante la mayor parte de la era de los Castro.

En 1962 el gobierno de Fidel Castro confiscó y cerró más de 400 colegios católicos, aludiendo que pregonaban creencias peligrosas entre la gente.

Colegio de Belen, Habana

Sin embargo, en 1991 el Partido Comunista levantó la prohibición contra los creyentes religiosos deseando membrecías, y un año después fue enmendada la constitución para caracterizar el estado como seglar en vez de ateo.

En noviembre de 1996, Fidel Castro viajó a Roma donde fue recibido por el Papa Juan Pablo II. Como resultado de esta reunión, una visita Papal a Cuba fue programada para 1998, la que tuvo lugar del 21 al 25 de enero de ese año.

Mientras que la constitución cubana reconoce el derecho de los ciudadanos a la libertad de religión, el gobierno de facto restringe esa libertad. Veintidós denominaciones son miembros del Concejo Cubano de Iglesias (CCI). La mayoría de los miembros del Concejo son oficialmente reconocidos por el Estado.

El gobierno no favorece ninguna religión o iglesia en particular; sin embargo, el gobierno parece ser más tolerante con las Iglesias que mantienen relaciones estrechas con el Estado a través del CCI. Grupos religiosos no registrados pasan por varios grados de interferencia oficial, acoso y represión. El Ministerio del Interior ejerce esfuerzos activos para controlar y monitorear las instituciones religiosas del país, incluyendo por vigilancia, infiltración y acoso de profesionales religioso y practicantes.

Las organizaciones religiosas más independientes – incluyendo la Iglesia Católica, la institución independiente más grande en la Cuba de hoy – continúan operando bajo restricciones y presión significativas, impuesta por el régimen cubano.

El Gobierno Cubano continua rechazándole el permiso a la iglesia a una prensa escrita independiente; acceso total a los medios; para entrenar suficientes sacerdotes para sus necesidades o permitir números adecuados de sacerdotes extranjeros a trabajar en el país; o a establecer instituciones socialmente útiles, incluyendo escuelas y universidades, hospitales y clínicas y casas de reposo. Todas las denominaciones registradas deben reportar a la Oficina de Asuntos Religiosos del Ministerio del Interior.